Afrolatinidad en Canadá: identidad, resistencia y alegría
En el marco del Mes de la Historia Negra, dos especialistas exploran la experiencia afrolatina en Canadá: una identidad que desafía esquemas, se descubre fuera de su país de origen y se convierte en acto de resistencia, alegría y creación cultural.

En el contexto multicultural de Canadá, las personas afrolatinas viven una realidad diversa. En su día a día, enfrentan situaciones donde su tono de piel y su idioma sorprenden a una sociedad que no siempre reconoce la pluralidad de sus identidades.
Para Ramón Antonio Victoriano, profesor adjunto de Español en el Departamento de Estudios Franceses, Hispánicos e Italianos en la Universidad de Columbia Británica (UBC), “es como ser una rara avis”, o sea una persona conceptuada como una excepción singular a la regla.
“La gente se confunde porque uno se ve negro y cuando uno habla, come, o baila, es otra categoría totalmente diferente”, dijo el profesor en entrevista con RCI.
Quienes migran con raíces afrolatinas no siempre encajan en el modelo de negritud de Canadá. Este choque con las etiquetas locales hace que su identidad se viva de otra forma: como un camino de autodescubrimiento y cambio personal.
La sociedad de acogida y el espejo de la identidad
Ramón Antonio Victoriano, afrodominicano y con un doctorado en Literaturas Hispánicas y Latinoamericanas de la Universidad de Toronto, explicó que la etiqueta de afrolatino suele ser un descubrimiento tardío para muchos.
En gran parte de América Latina, las narrativas nacionales han privilegiado el mestizaje, diluyendo la negritud dentro de la identidad nacional. Como explicó Victoriano, un peruano, un venezolano o un dominicano suele identificarse primero por su bandera antes que por su raza. Sin embargo, al llegar a Canadá, el código social puede cambiar drásticamente.
El profesor de la UBC señaló que el si stema de clasificación racial en Norteamérica opera bajo una lógica visual inmediata, lo que hace que la sociedad de acogida lea a la persona primero por su apariencia racial, más que por su origen.
Es en ese choque con la mirada canadiense donde muchas personas inmigrantes se ven “empujadas” a asumir una identidad negra que quizás, en sus países de origen, estaba matizada por términos como “moreno”, “trigueño”.
La autoidentificación como afrolatino generalmente se da fuera del país de origen y en gran medida impuesta o forzada por cómo la sociedad de acogida clasifica al individuo.Una cita de Ramón Antonio Victoriano, profesor adjunto de Español en el Departamento de Estudios Franceses Hispánicos e Italianos en la Universidad de Columbia Británica
Este fenómeno del “espejo migratorio” obliga al individuo a confrontar su negritud despojada de las jerarquías de colorismo que operan desde México hasta el extremo sur del continente. Victoriano relató una anécdota que ejemplifica esto:
“Una amiga cercana de mi mamá en la universidad, fue a estudiar a España durante el franquismo, a finales de los cincuenta o principios de los sesenta. Allí descubrió que era percibida como negra, porque en República Dominicana ella era considerada blanca. Se dio cuenta cuando un profesor le dijo en clase: ‘a ver, la negra, responda‘”.
“El código social nos clasifica como negros”, agregó Victoriano, explicando que “eso no es un problema, pero surge una disonancia cognitiva cuando ese cuerpo negro habla español, rompiendo el esquema del negro anglófono o francófono que la sociedad espera”.
Encontrar la comunidad y hacer resistencia
Si bien la etiqueta puede ser impuesta inicialmente, también puede convertirse en un acto de resistencia. Para Roxana Escobar Ñañez, cCoordinadora del Centro de Investigación Laboral Global en la Universidad York, en Ontario, aunque la migración es intrínsecamente “violenta y colonial”, también impulsa a “encontrar a los tuyos”.
No deja de ser violento, pero sí creo que a veces dentro de ese tipo de situaciones violentas hay alguito de alegría, hay alguito de resistencia… encontrar mis grupos comunitarios… En espacios canadienses tengo más amigos afrodescendientes de los que tenía antes.Una cita de Roxana Escobar Ñañez, coordinadora del Centro de Investigación Laboral Global en la Universidad York.
Para ella, este encuentro va más allá de la supervivencia: es un acto de creación cultural y de alegría política.
Mestizaje y tensiones regionales
Tanto Victoriano como Escobar Ñañez reflexionaron igualmente sobre cómo las historias nacionales de América Latina viajan con las personas inmigrantes y, a veces, chocan en Canadá. La investigadora, doctora en Geografía y Planificación en la Universidad de Toronto, destacó la complejidad del mestizaje, un término que conserva vestigios del colonialismo.
“Ya hay, por ejemplo, muchas conversaciones en México y en algunas partes de Suramérica acerca de qué significa ser afromestizo, aunque en sí mismo sería una contradicción porque el mestizaje a nivel nacionalista está tratando de invisibilizar lo negro. Pero hay razones por las cuales la gente está usando el término. Creo que es parte de la conservación que tendríamos que tener ahora”, enfatizó Roxana Escobar Ñañez.
En este contexto, el afromestizaje puede entenderse como el proceso de mezcla racial y cultural entre personas de ascendencia africana y otros grupos (indígenas, europeos), que da lugar a identidades, tradiciones y expresiones culturales híbridas en América Latina y el Caribe.
Aunque las conversaciones sobre la negritud en Latinoamérica parecen avanzar, esta herencia mixta se enfrenta a tensiones palpables, especialmente entre las comunidades caribeñas y las del Cono Sur.
Un caso que ilustra estas tensiones es el reciente debate sobre la presentación de Bad Bunny en el Super Tazón 60, celebrado el pasado 8 de febrero en San Francisco, California. La actuación generó numerosas reacciones desde países del sur, donde se rechazó vincular lo latino con lo caribeño y lo negro, privilegiando en muchos casos una identidad europea.
Esto genera un doble desafío para las personas afrolatinas: enfrentar el racismo de la sociedad de acogida y la propia negación interna de su afrodescendencia.
Las comunidades negras en Canadá
Algunos datos del Departamento de Estadísticas Canadá y reportes recientes
- Diversidad de origen: las personas negras en Canadá tienen origen en más de 180 países. 41% nacidas en Canadá; 32,6% en África (Nigeria, Etiopía); 21% en el Caribe (Jamaica y Haití).
- Arraigo histórico: en Nueva Escocia, 59,5% son de tercera generación o más.
- Población joven: 41,9% tiene 24 años o menos.
- Educación y sobrecualificación: los inmigrantes africanos tienen una alta educación (46,1% con título universitario), pero 27,5% están sobrecualificados laboralmente.
- Religión: 8,8% reporta afiliación (cristiana o musulmana en su mayoría).
- Los crímenes de odio contra las poblaciones negras casi se triplicaron entre 2018 y 2024.
- Discriminación: 71% de los negros nacidos en Canadá reportaron experiencias discriminatorias.
Academia y alegría negra
Las instituciones educativas canadienses avanzan lentamente en el reconocimiento de la afrolatinidad. Escobar Ñañez criticó la tendencia a estudiar a las poblaciones negras solo bajo “frameworks de dolor y de injusticia, y propuso “centrarse en la alegría negra” y el amor como generadores de humanidad.
“Tenemos que entender el amor no solo como una relación interpersonal, sino que es lo que genera humanidad, lo que genera resistencia, lo que nos hace, o sea, lo que nos hace tener la posibilidad de tener una familia, de tener amor por nuestra cultura, por cómo caminamos, por cómo bailamos, por quienes somos”, indicó.
Se ha estado trabajando muchísimo para tener esta perspectiva: esta nueva metodología de estudiar a personas negras que no sea casi únicamente desde el dolor y desde las cosas que nos faltan, porque ahí está la presunción de que hay una falta de humanidad y hay que otorgarnos esa humanidad de alguna forma, pero la humanidad que tenemos es más que suficiente. Solamente que no es el mainstream.Una cita de Roxana Escobar Ñañez, coordinadora del Centro de Investigación Laboral Global en la Universidad York.
Por su parte, Victoriano resaltó iniciativas concretas como la contratación dirigida de profesores negros y la creación de nuevos cursos, incluido uno sobre afrolatinidad que impartirá el próximo año académico. Su objetivo es enseñar que la negritud en las Américas es diversa: salsa, reguetón, candomblé y no solo la esclavitud en EE. UU.
Afirmación de la afrolatinidad
La identidad afrolatina es ser parte de una minoría dentro de otra minoría. Solo unas 15.000 personas se autoidentificaron explícitamente como afrolatinas en el Censo de 2021, aunque la cifra real podría ser mayor. Esta identidad rompe esquemas y desafía expectativas: ver a una persona negra hablando español genera confusión sí, pero también abre la puerta al aprendizaje cultural. Victoriano ejemplificó con otra anécdota:
“’¿Ah, tú eres dominicano, como Vlad [Vladimir] Guerrero Jr.?’, me preguntan. Vlady nos ha puesto en el mapa. Así que cuando dé mi curso lo voy a poner en el póster” (risas).Una cita de Ramón Antonio Victoriano, profesor adjunto de Español en el Departamento de Estudios Franceses Hispánicos e Italianos en la Universidad de Columbia Británica
Para Escobar Ñañez, el hilo conductor de la afrolatinidad “puede ser la lógica detrás de nuestra diversidad en la negritud”.
“Creo que existen diferentes historias sobre la negritud en América Latina, y justamente por la complejidad de la región estas historias nos abren la conversación”, añadió, reconociendo que ser afrolatino del Caribe y ser afrolatino de Sudamérica implica definiciones muy distintas. “Sobre todo en los países andinos, donde la negritud no siempre se asocia directamente con el color de piel, pero sí está presente en la vida cotidiana: en la comida, en las canciones y bailes, en la música, en las celebraciones de las fiestas patrias”.

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